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Dopamine Dressing, vestirnos con colores nos hace feliz

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Ok, yo quizás no soy la persona más ad-hoc para hablar de este tema. Por años básicamente me he vestido de negro, casi como su fuese a un concierto de Metallica o Iron Maiden, pero desde hace un tiempo que siento que debo volver a incorporar otros colores a mi vestimenta. De apoco mi closet ha ido mutando. Primero fueron unas camisas floreadas, luego una chaqueta estilo navajo con múltiples patrones. Luego un pantalón de tela rojo arcilla. De ahí un gorro de lana rosado. Sin saberlo, al parecer estoy siendo parte de la nueva tendencia de Dopamine Dressing, o vestuario de dopamina, en el sentido de que los colores nos ayudarían a subir de ánimo y sentirnos más felices.

Esta asociación entre colores más brillantes en la ropa y la felicidad no es nuevo, pero debido al encierro y la pandemia ha vuelto a estar en el tapete. De acuerdo a especialistas, “nuestro cuerpo produce dopamina, la que tiene muchas funciones: sirve de recompensa, actúa en la motivación, ayuda en la memoria, y en la atención. Cuando se produce en grandes cantidades nos da placer y hace que volvamos a repetir esa acción buscando la misma gratificación”.

Estudios han revelado que cuando usamos determinada ropa, nos sentimos de forma distinta, he de ahí que un vestido o prenda nos haga tener más confianza. La terapia del color y la cromoterapia han interesado a las culturas desde Egipto. Por ejemplo, el azul es usado para mejorar la concentración, o el verde claro para profundizar la calma. Los colores están asociados a las emociones y son parte del lenguaje: “estar verde de envidia”, “sentirse rojo de rabia”, “estar coloradito”.

Según se dice, la forma de asociar el Dopamine Dressing es más bien personal que social. Es así como los colores se vuelven un asunto propio, asociándolos cada uno a experiencias diferentes. Por ejemplo, si asociamos una polera amarilla a la felicidad, nos sentiremos más contentos cuando la usemos. Al mismo tiempo y al ser subjetivos, si nos ponemos una chaqueta negra que nos hace sentirnos bien, ocurrirá eso mismo.

Todo esto hace imposible determinar qué colores mejorarán nuestro ánimo ni sugiere que haya que vestirse de neón, no obstante, en un mundo poscovid probablemente a nivel general se desatarán más colores. Básicamente será el arcoíris después de la tromenta.

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